Y al final uno, qué remedio,
acaba asumiendo la situación.
Se resigna
y se dice a sí mismo:
'¿Para qué?
Si total ya,
qué mas da.'
Y se da por vencido,
o por ganado, o por algo.
El caso es que
ya no hay nada que hacer.
Tan solo aceptarlo
o asumirlo,
cualquiera de las dos,
y convencerse de que
la próxima vez
todo irá mejor.
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