¿Sabéis los que es estar completamente roto?
Pues ni se acerca a lo que siento.
Ya lo he perdido todo.
Ya no siento nada, simplemente, no puedo sentir.
Ya he vuelto a mi rutina de no creer en nada.
De no creer en nadie.
De no querer siquiera creer.
Ya he vuelto a perder la razón, el sentido y el corazón.
Ya no tengo sueños, porque ahora todo son pesadillas,
vividas de día, soñadas de noche.
Ya no tengo ilusiones, porque sé que al final siempre se rompen.
Ya no tengo esperanzas,
porque me he dado cuenta de que solo existen las mentiras.
Ya no tengo fuerzas, ¿Para qué? para todo,
o para nada.
Simplemente, ya no tengo fuerzas.
Ya lo he perdido todo.
domingo, 16 de junio de 2013
Explota.
Explota, simplemente explota y rómpete, rómpeme en mil pedazos, y haz malabares con ellos. Deja que el viento se los lleve, o quédate esperando que vuelvan a ser lo que fueron, viendo que nunca lo serán. Porque sabes perfectamente que lo que ya ha sido nunca volverá a ser, quizá será diferente, quizá será peor, quizá mejor, pero nunca será lo mismo.
Me pierdo entre números, fechas, oscuridades, historias y sueños, todos ellos borrosos. Y cada noche pierdo las esperanzas que por la mañana encuentro, o que quizá nunca he perdido, o que en el fondo nunca encuentro, no sé. Pero sí sé que cada noche me acuesto con la misma sonrisa de hija de puta que al día siguiente no pierdo. Maldito fue el momento en el que me di cuenta que tenía más orgullo que cuerpo, menos vida que ironía.
Léeme entre líneas, o capta mis indirectas jodidamente directas, pero no intentes entender(me,) algo que ni yo misma entiendo. Cógeme y no me sueltes, o no me agarres ya que sabes que no debes, o quizá sea lo único que deberías hacer; y respírame siempre entre caladas, quiéreme odiándome, rásgame la piel que un día acariciaste con tus propias manos, mírame a los ojos y quédate para siempre en ellos, o enciérrame en los tuyos, enrédame en tu pelo con miles de sonrisas, esas mismas que un día se cubrieron de lágrimas, y corre ese frustrante velo de indiferencia que esconde tu verdad. Golpea mis sentimientos que se chocan con los tuyos y espera que no te afecte, cuando detrás de esa armadura los dos mundos están sufriendo y acabarán explotando, explotaremos.
Y después de machacar nuestras almas y nuestros cuerpos dime si valió la pena todo esto, porque ya no somos nuestras, ya no somos de nadie, o sí, quien sabe. Pero eso ahora, ¿qué mas da?
Me pierdo entre números, fechas, oscuridades, historias y sueños, todos ellos borrosos. Y cada noche pierdo las esperanzas que por la mañana encuentro, o que quizá nunca he perdido, o que en el fondo nunca encuentro, no sé. Pero sí sé que cada noche me acuesto con la misma sonrisa de hija de puta que al día siguiente no pierdo. Maldito fue el momento en el que me di cuenta que tenía más orgullo que cuerpo, menos vida que ironía.
Léeme entre líneas, o capta mis indirectas jodidamente directas, pero no intentes entender(me,) algo que ni yo misma entiendo. Cógeme y no me sueltes, o no me agarres ya que sabes que no debes, o quizá sea lo único que deberías hacer; y respírame siempre entre caladas, quiéreme odiándome, rásgame la piel que un día acariciaste con tus propias manos, mírame a los ojos y quédate para siempre en ellos, o enciérrame en los tuyos, enrédame en tu pelo con miles de sonrisas, esas mismas que un día se cubrieron de lágrimas, y corre ese frustrante velo de indiferencia que esconde tu verdad. Golpea mis sentimientos que se chocan con los tuyos y espera que no te afecte, cuando detrás de esa armadura los dos mundos están sufriendo y acabarán explotando, explotaremos.
Y después de machacar nuestras almas y nuestros cuerpos dime si valió la pena todo esto, porque ya no somos nuestras, ya no somos de nadie, o sí, quien sabe. Pero eso ahora, ¿qué mas da?
martes, 4 de junio de 2013
T.
Mis más de 20 teclas
blancas y negras no dejan de pensarte,
junto con mi cabeza, y mis
recuerdos,
y han llegado a la conclusión
de que cada vez
te echan más de menos.
Pero saben que estarás
bien,
estés donde estés,
saben que vas a ser feliz,
aunque ya no estés aquí.
Más de doscientas veces
recuerdo esas palabras
‘’mi pianista, nunca
desistas’’,
y ese orgullo con el que
se te iluminaba la cara al verme.
Siempre vas a tener un
hueco en mi cabeza,
en mi conciencia.
Siempre recordaré todo lo
bueno.
Te quiero mucho,
Abuelo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)