Me pierdo entre números, fechas, oscuridades, historias y sueños, todos ellos borrosos. Y cada noche pierdo las esperanzas que por la mañana encuentro, o que quizá nunca he perdido, o que en el fondo nunca encuentro, no sé. Pero sí sé que cada noche me acuesto con la misma sonrisa de hija de puta que al día siguiente no pierdo. Maldito fue el momento en el que me di cuenta que tenía más orgullo que cuerpo, menos vida que ironía.
Léeme entre líneas, o capta mis indirectas jodidamente directas, pero no intentes entender(me,) algo que ni yo misma entiendo. Cógeme y no me sueltes, o no me agarres ya que sabes que no debes, o quizá sea lo único que deberías hacer; y respírame siempre entre caladas, quiéreme odiándome, rásgame la piel que un día acariciaste con tus propias manos, mírame a los ojos y quédate para siempre en ellos, o enciérrame en los tuyos, enrédame en tu pelo con miles de sonrisas, esas mismas que un día se cubrieron de lágrimas, y corre ese frustrante velo de indiferencia que esconde tu verdad. Golpea mis sentimientos que se chocan con los tuyos y espera que no te afecte, cuando detrás de esa armadura los dos mundos están sufriendo y acabarán explotando, explotaremos.
Y después de machacar nuestras almas y nuestros cuerpos dime si valió la pena todo esto, porque ya no somos nuestras, ya no somos de nadie, o sí, quien sabe. Pero eso ahora, ¿qué mas da?
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