martes, 23 de julio de 2013

Mi conciencia IV

Me he perdido,
en tus precioso ojos oscuros,
en tu pelo, o en tus manos
cuando me cogen por la cintura
y me acercan a tus labios.
En tu sonrisa a milímetros de la mía,
en tus caricias que se pierden
a su vez
por mis piernas, por mi espalda,
en pensarte de noche, en vivirte de día.
En cada momento que pasa volando,
como aviones de papel, o en tu recuerdo,
en perdernos por Madrid de vez en cuando,
en las palabras que salen de tus labios,
que muerdo.
Me he perdido en todo este miedo
que me come, que me rompe poco a poco,
pero que desaparece simplemente
cuando te toco
cuando te tengo.
En cada sonrisa que me llena
que me tranquiliza totalmente,
en el hecho de que seas tú misma
y el ‘que le jodan a la gente’,
que te quiero,
y ese ‘te quiero’ no miente.

domingo, 21 de julio de 2013

Brick by brick

A veces es necesario construir un muro que te separe de todo lo que te rodea, que haga de barrera entre tu cabeza y el resto del mundo, entre lo que sientes o piensas y lo que te hacen sentir o pensar, cuyos ladrillos estén hechos de promesas, y cuyo cemento esté hecho de sueños. Tuyos, solamente tuyos.
Tus promesas, tus sueños, tu barrera, tus ideas, tus pensamientos, tu decisión.
Encerrarte dentro de ese muro de forma que ya no pueda afectarte nada desde fuera, que todo lo malo no pueda pasar esa barrera, haciendo que el interior no sufra, que tus sentimientos ya no sientan, que tu cabeza ya no piense en sentir, que no haya sentimientos, que no quieras sentir, que no sientas. Y que en el caso de que algo se tenga que romper, sea uno de los ladrillos, una de esas promesas, de los sueños, que se rompa toda esa armadura y se quede en ruinas, pero que nunca seas tú mismo. Que se rompa el muro, que se rompa el mundo antes que tú.
Y en el caso de que de verdad quieras sentir por alguien, seas tú quien le deje quitar cada uno de esos ladrillos, que se lleve tus promesas y tus sueños, y estar seguro de que estarán en buenas manos.

domingo, 14 de julio de 2013

Mi conciencia III

Deja de comerme la cabeza,
y empieza por comerme la boca.
Ni tan santa ni tan puta, simplemente
tan idiota.
O idiotas, como somos,
como siempre hemos sido,
pero lo bueno es lo que viene,
y lo malo es lo que ya se ha ido.
Ahora ven, sal de mi cabeza y ven a mi lado,
déjame morderte cada centímetro de tu piel,
déjame empezarte en un 'nunca acabado',
y clavar mis ojos en tu mirada color miel.
Susurrarte al oído,
mientras tu silueta me siente,
que mi verdad no se ha ido,
y ella misma no te miente.
Así que ahora, simplemente, ven,
deja que el tiempo pase
entre besos, miles de ellos,
lento como aviones aviones de papel,
o como veloces destellos.



sábado, 6 de julio de 2013

Recuerdos

No son solo ideas que están guardadas en nuestra cabeza, nuestros recuerdos están en cada cosa que hacemos, cada día que vivimos, cada momento, cada jodido segundo de cada jodido día de nuestra jodida vida.
Para recordar esos recuerdos, aunque no queramos, inconscientemente los atribuimos tanto a objetos que vemos cada día, como a constantes rutinas, imágenes que alguna vez vimos, frases o palabras de las que solo nosotros mismos conseguiríamos sacarles todo su significado, a un tono de voz que para otros es indiferente, pero para ti es un  mundo, a simples detalles que nos hacen sentir cosas que sin esos recuerdos no sentiríamos, a colores o signos o cualquier cosa por simple que sea que nos hace volver a un momento en concreto y sacarnos una sonrisa, o lágrimas, a olores que hacen que nos recorran sensaciones que solo entendemos nosotros mismos, tan especiales...
Mi vida gira en torno a una cosa, la música, y por  suerte o desgracia yo pongo la mayoría de mis recuerdos en ella, quiera o no quiera hacerlo. Cada persona que ha tenido o tiene importancia en mi vida tiene su canción, o canciones, o grupo, o grupos. Para mí cada canción es un recuerdo de cualquier cosa, porque para mí cada canción tiene su instante, y cada instante tiene su canción. Eso quiere decir que, cada vez que escucho una canción, puedo llenarme de recuerdos preciosos y felices que me sacan sonrisas y me hacen sentirme con ganas de seguir a delante, o puedo llenarme de recuerdos tristes y deprimentes que solo consiguen sacarme lágrimas o querer que esa canción acabe para no sufrir más. El hacer de mis canciones mis recuerdos ha hecho que, o bien quiera escuchar constantemente una canción para recordar así constantemente a una persona y ser feliz con ello, o no poder volver a escuchar nunca más una canción porque trae demasiados recuerdos demasiado malos.
Ojala pudiese borrar los recuerdos, borrar de esas canciones todas las cosas malas que me puedan recordar, o borrar a las personas para que no puedan crear más recuerdos malos, o borrar mis sentimientos, ojalá, si fuese fácil. Lo que sí que tengo claro es que no pienso borrar mis canciones, mi música,  mi vida.

Hace tiempo

Hace tiempo me prometí a mí misma que nunca volvería a llorar por alguien que no lo mereciera.
Y desde entonces, no he vuelto a llorar por nadie.
Porque si alguien mereciera mis lágrimas, no me haría llorar, me haría feliz. Mi problema fue que puse mi felicidad donde debí poner solo una parte de mis alegrías, y así acabé. Jodidamente rota, triste, perdida, desconfiada, inestable, destrozada, indecisa y sobre todo, infeliz. Y entonces pensé: ¿Qué cojones hago yo ahora conmigo? ¿Cómo voy a ordenar ahora todo este desorden? ¿Cómo voy a volver a ser feliz si mi felicidad se ha ido?
Todas las cosas tienen un principio y un fin, y si por el camino se van desgastando, tienen un fin más temprano. Lo bonito es efímero, lo especial es único, y nada es eterno por mucho que quieras que lo sea. No se echa de menos a la persona, sino a lo que tuvimos con ella, a lo que nos dio esa persona que nos hizo tan  felices. Pero eso no lo sabemos, y por eso, cuando algo se acaba, nos centramos en buscar en vano una persona igual a la anterior con la esperanza de conseguir la misma felicidad que conseguimos al principio. El problema está en que, lo que debemos buscar, es una persona que te de lo que necesitas, que te haga sentir, y sentirte vivo, y que te haga igual o más feliz que la anterior, sea como sea, sea quien sea.
Primera vez solo hay una, para todo, y una vez has sentido la felicidad de empezar algo nuevo, algo diferente o especial, el resto es simple rutina. Eres tú quien debe convertir esa ‘’rutina’’ en una felicidad, en hacer que esa rutina sea, en cierto modo, diferente, y hacerla especial.