Volver a la misma rutina, donde yo no me encuentro encima del mundo, sino que el mundo se apoya encima de mis hombros, dejando todo su peso caer sobre mi. Y me pesa, me hunde.
Y repetir la misma historia, distintos argumentos, mismas bocas. Poner el futuro por delante del presente y perder el momento, perderlo. Dejar pasar lo que tienes entre tus manos, lo que rodeas con tus brazos, lo que un día besaste con tus labios. Por idiota. ‘’Tempus fugit’’.
Volver a sonreír aunque todo vaya en contra, pero esta vez por otros motivos. Que lo que antes ocupaba toda tu cabeza, todos los segundos de tus días ahora se quede en un simple folio apilado entre otros miles, que ahora ocupe tu cabeza un fondo negro, oscuro. Que tus sonrisas cambien de nombre y apellidos, y que ya no sepas cuales son las verdaderas de tanto fingir felicidad.
Y decir: ‘’Tú sueñas con ella mientras ella besa a otra.’’ Que soy joven, pero no idiota.
Y querer besarle, constantemente. Y que ese ‘’besarle’’ se torne a un plural.
Que no haya una noche que no llueva, ni una mañana que no piense ‘’hoy va a ser un buen día’’, y me mienta. Y mezclar el odio con el deseo, coger ese tornado de sentimientos, tan juntos y tan borrosos, y mandarlos a todos bien lejos. Y convertirte en piedra.
Y , aún así, romperte. Que llegue cualquier diamante y te rompa. Perder todos y cada uno de tus trozos, y no saber cómo encontrarlos, no saber encontrarte. Simplemente, dejarte ir, dejar que te rompas. Dejarte romper.
Porque a veces es mejor así, ser el lado que sufre y a la vez el lado más fuerte, el que grita en silencio, que traga y que calla, ser tú tu única razón por hacer las cosas mal sabiendo perfectamente que estás haciendo lo correcto, todo por salvar al otro lado.
Y es que hay guerras que se ganan perdiendo.
Y entre sonrisas sinceras, lágrimas depresivas, risas alegres, bajones repentinos, momentos de pensar ‘’no podría ser más feliz, todo me está saliendo bien’’ y que al segundo se den la vuelta las cosas y querer mandarlo todo a la mierda, abrazos interminables, respuestas secas, miradas esperanzadoras y despedidas, yo ya no sé qué hacer conmigo.
Así que me dedico a borrar absolutamente todo de mi cabeza, dejarla completamente en blanco.
Y me limito a seguir respirando.
Simplemente.
Bienvenidos a mi caos.