A diez pasos de ti. Nos miramos fijamente. Lo único que nos separa es una mínima distancia y el aire que corre entre nosotros grita que te bese. Doy un paso. Respiro lentamente. Mi corazón a nueve pasos de ti y un sentimiento fuerte. Das un paso. Sonríes tímidamente. Nuestra vida es un ocho tumbado que solo vive el presente. Doy un paso. Sin apartar la vista. Solo quiero pasar las semanas o contigo o deprisa. Das un paso. Miras hacia otro lado. El cansancio de la espera hace eterno el rozar tus labios. Doy un paso. Ahora sé que te tengo. Cinco mil escalofríos recorren todo mi cuerpo. Das un paso. A tan solo cuatro metros. Con solo cuatro palabras te digo ''te echo de menos''. Doy un paso. No puedo esperar tanto. Solo quiero poder abrazarte y contigo volar alto. Das un paso. Dos almas desgastadas. Dos vidas paralelas que acabaron encajadas. Doy un paso. Entre cruzamos las manos. Solo quiero que este beso llegue antes que el verano. Das el último paso. Dos almas se hacen una. Que el ''siempre'' sea siempre, que nunca exista el ''nunca''.
lunes, 23 de abril de 2012
viernes, 20 de abril de 2012
Sigo siendo la misma idiota.
jueves, 19 de abril de 2012
Un día cualquiera, una noche cualquiera, en un momento cualquiera.
Un día cualquiera, una noche cualquiera, en un momento cualquiera. Me encuentro sentada delante de mi ordenador, inmóvil, con las manos en el teclado, sin hacer ningún movimiento. Lo único que aparece en la pantalla es una hoja en blanco con estas tres primeras líneas escritas. El frío de la primavera entra por la ventana y puedo oír una música de fondo, aunque no le presto mucha atención. Detengo mi mirada en un punto fijo, quieta, tranquila. Cierro los ojos, mi mundo se convierte en completa oscuridad.
No hay nada que me preocupe, no estoy triste, aunque tampoco estoy feliz.
En un instante noto que me elevo, que la silla que me sustenta ha desaparecido, convirtiéndose en una nube esponjosa que me levanta hacia el cielo. Siento como los rayos del sol iluminan mi rostro, como vuelo.
Pero mi corazón empieza a latir mas rápido cuando oigo algo que me suena familiar, algo que ya he vivido. Lo que escucho son mis padres, hablando conmigo, cuando tan solo tenia unos pocos meses. Mi risa, lo feliz que era. No puedo evitar dejar caer una lágrima. Derrepente todo se oscurece y se aclara en un instante. Ahora oigo a mucha gente, muchos niños. Un llanto de mi infancia, una amiga que me consuela, que lo es todo para mi. De esta forma se van sucediendo recuerdos bonitos, los pocos recuerdos verdaderamente felices que he tenido en mis 16 años de vida. Pero, a pesar de todo lo que siento, de todo lo que está ocurriendo, no me atrevo a abrir los ojos. Todo esto es algo demasiado especial para ser verdad, y no quiero que se acabe nunca. El último recuerdo, el más reciente, es un abrazo. Uno de esos abrazos que te hacen sentir viva, feliz, a salvo. Sé donde estoy, sé con quien estoy, y me atrevo a abrir los ojos. Ese abrazo me lo daba ella, la persona en la que más confió en mi vida. Me siento a salvo, me siento bien. Seguimos abrazadas, las dos sonreímos. Pero ese momento dura unos segundos. Después, todo se oscurece. Vuelvo a volar, vuelvo a mi habitación, sentada en frente de mi ordenador, y con toda esta historia escrita.
No quiero mirar al pasado, quiero mirar al presente. Quiero quedarme con lo bueno de cada momento. Las amistades vienen y se van, pero las que se quedan, esas amistades valen mucho.
viernes, 13 de abril de 2012
Atrapada en un ataúd a cuatro metros bajo tierra.
Atrapada en un ataúd a cuatro metros bajo tierra.
Abro los ojos, todo es oscuridad. Me inunda una sensación de vacío, soledad, confusión, no sé como he llegado hasta ahí. Hay sangre, o al menos eso noto. Frío. El oxígeno es escaso y el tiempo corre.
Empiezo a dar golpes a las tablas de madera que me oprimen, las paredes acolchadas me empiezan a asfixiar, el peso de la tierra sobre la tapa del ataúd hace que mis intentos de escape sucedan en vano, tengo que salir de ahí, no quiero morir. Grito, pero nadie puede oírme. Agónicamente paro, me calmo lo justo para intentar hacer memoria.
Fue una noche larga. Estaba sola en casa, pero no en la ciudad, sino en una pequeña casa en el campo. Mi familia había salido, y me encontraba en mi habitación únicamente con mi perro. Las hojas de los árboles susurraban canciones tenebrosas, los búhos me alertaban del peligro, el viento gritaba mi nombre. Mi perro me advertía con la mirada, pero yo no le hice caso a nada. Se fue la luz, noche cerrada. Un golpe seco, un estruendo fue lo que desencadeno todo lo demás. Portazos, ruidos, gritos. Muebles caídos, puertas arañadas, siluetas difuminadas dirigiéndose hacia mi. Mi corazón latía a mil por hora, no podía escapar, estaba perdida.
Lo ultimo que recuerdo fue el tacto de un pañuelo en mi rostro, dejándome sin respiración; la caricia de mi perro, lamentando lo que estaba sucediendo; la perdida del sentido.
Contengo la respiración, sé que ahí fuera no hay más que desierto, que nadie sabe donde estoy, no lo se ni yo misma. Espero a la muerte sin poder hacer nada, me bloqueo.
Miro fijamente al techo de la caja de mi muerte. Una luz blanca aparece en mi campo de visión. La sigo, quiero respuestas. Quiero saber el principio de todo esto, quiero saber el final.
martes, 3 de abril de 2012
En efecto.
Con los ojos cerrados, el sol me daba en la cara, haciéndome sentir bien. Era verano, notaba el calor en el ambiente y una brisa fresca. Yacía en un césped, todo era campo, era como un manto inmenso verde manchado por algunas pequeñas flores de colores. Respiro profundamente, pocas veces he podido respirar un aire tan limpio, pues el aire de ciudad está bastante contaminado. Lleno mis pulmones de aire fresco, y me atrevo a abrir los ojos. En un instante, el sol me ciega, pero pasados unos segundos puedo verlo todo con claridad. El césped llegaba donde no alcanzaba la vista, no había ni una nube en el cielo, pero no hacía excesivo calor. Las montañas a lo lejos hacen que las vistas sean impresionantes. Pero más impresionante aún era la persona con la que estaba. En efecto, era ella. Estaba tumbada, como lo estaba yo hace unos instantes. El sol le iluminaba la cara haciéndola brillar como un ángel, era lo más bonito del paisaje, ella. No pude evitar sonreír al verla. Me tumbé a su lado, apoyando mi cabeza en mi mano. Era preciosa, y me pareció ver que sonreía. Sabia que le estaba mirando. Abrió los ojos, me miró con una sonrisa de felicidad en la cara. Se inclinó hacia mi, en la misma postura. Mientras le miraba a los ojos le dije ''los sueños se pueden hacer realidad, si te lo propones. Tú eres mi sueño hecho realidad.''
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