domingo, 29 de septiembre de 2013

Y ahí va el cuarto pedazo

Que de piedra me sienta por fuera, ¿Y por dentro? Por dentro de acero.
Y fría, jodidamente fría, para que las pocas lágrimas que pueda llegar a derramar se congelen antes de ser vistas, que no lleguen a resbalar nunca por esa piedra que me hace de fachada, que hace que ya no pueda sentir nada, que sea solo cuerpo y que desaparezca el alma.
Y que mi corazón de acero pueda dejar de latir por alguien o por algo, y sea solamente un pedazo más de mi, y a la vez una carga menos, como empieza a ser mi rutina.
Y que mi cabeza fría como el hielo no se deje llevar nunca por los sentimientos, las sensaciones o los recuerdos, y que a la vez sea totalmente impulsiva. Que se controle a sí misma sin control.
Que mi voz helada no vuelva a temblar o a quebrarse nunca, que sea firme y serena. Que sepa cómo gritar en silencio y susurrar mentiras camufladas entre verdades para hacerlas parecer dulces y piadosas.
Y que por mil golpes que me den no vuelva a llover, ni vuelva a tomar decisiones que me marquen hasta mi propia piel, incluso cada rincón de mi cabeza o cada palabra que salga de mis labios, que no encuentre soluciones en errores ni vuelva a caer en los mismos círculos, que no me derrita nunca con el calor de unos ojos por el hecho de ser de hielo, y que cada canción me sea indiferente y cada número sea una simple cifra.
Que todo sea tan fácil como convertirme simplemente en piedra, hielo y acero.
Y que quiera hacerlo o no quiera, como siempre, tan impulsiva.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Y qué bien quedan tus manos por mi espalda, tus labios callando los míos y tus ojos diciéndome más que las palabras, y qué bien queda tu piel con  mi piel.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

El tercero de mis pedazos

Perder las formas entre tus sábanas,
y dejarlas ahí perdidas para siempre.
Perder la cabeza con la música bien alta,
y no bajarla bajo ninguna circunstancia.
Perder los papeles ante la duda,
y crear el caos más grande.
Perder la inocencia en una palabra,
y llevar el mando, y ser quien mande.
Perder la vergüenza desabrochando botones
y acabar con más ropa en el suelo que en los cajones.
Perder el miedo a lo desconocido,
y arriesgar, simplemente arriesgar.
Perder todo lo apostado en un segundo,
y aún así levantarte y ponerte a andar.
Perder el norte al mirarte,
y que no me importe nada, me sobra el mundo.
Perder la fe en todo lo bueno,
y encontrarla en tus labios.
Perder los estribos ante tus contradicciones,
y acabar perdida otra vez entre tus sábanas.
¿Y si vienes y te pierdes tú en mí?


martes, 10 de septiembre de 2013

El segundo de mis mil pedazos

Ojos cálidos, corazón de hielo,
no te atrevas a decirme que me fui sin avisar.
Me llevaste bien alto, hasta el jodido cielo,
y entre tanta  mentira me dejé llevar.

Desde ahí arriba fuiste tú quien me soltó
aunque tu puta indiferencia no lo quiera aceptar,
y rozando el suelo alguien más me cogió,
yo me agarré fuerte, y no me pienso soltar.

No intentes borrar lo que está en permanente
con mil lágrimas que sabemos que no son verdad,
quemando el pasado y congelando el presente,
o removiendo simplemente entera la ciudad.

No intentes encontrarme entre los recuerdos,
o con gente que ahora en mi vida está de más,
o con canciones con temas como 'te echo de menos',
porque si siempre vienes fácil, fácil te vas.

Y mientras fumas, recuerda, ¿Quién era tu fuego
cuando el mundo entero te pesaba encima?
El problema es que estoy cansada de seguirte el juego,
mientras te quedas fumando, yo llego a la cima.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Uno de mis mil pedazos

Qué bien queda tu piel con mi piel, tus ojos clavados en los míos, tus manos en mi cintura o recorriendo cada lunar de mi espalda con caricias, despertando escalofríos y durmiendo miedos.
Y qué bien suena tu voz en mi oído, diciéndome con susurros que ni quieres irte ni te has ido. Y tu olor en mi ropa, y tu ropa en mi suelo, y tu silueta en mi cama, y en mi almohada tu pelo.
Qué bien les quedan nuestras canciones a nuestros recuerdos, el latir rápido en un momento lento, y las estrellas por techo o esa sensación en el pecho, porque nos queda todo por hacer, y que lo mejor aún no está hecho.
Qué bien nos mira ese futuro lejano, que le va diciendo al presente que sea lento, que ya habrá tiempo de todo, y que no le haga caso a ese pasado imperfecto, que lo único que tenemos es el ‘’ahora’’, y que el resto del tiempo está muerto.
Qué bien hablan las mentiras y qué poco las creemos, que solo me bastan tus labios por mi cuello para saber que podemos, que en lo que sea vencemos, que seamos un ‘todo’ juntas, y que juntas ante todo estemos.
Qué perfecto es tu sabor, y el poder probarte por las noches, el poder saborearte por los días  y aprovecharte en sueños, que estos son solo nuestros, que no tienen más dueños.
Qué suerte la de haberte conocido, haberte tenido y no haberte perdido. Qué suerte la de convertirte en mi presente y verte en mi futuro, y por encima de lo que diga la gente que consigamos hacer fácil lo que los demás hacen lo más duro.



Adiós sueño, hola insomnio

Parece que hoy no toca dormir, lo que toca es joderse.
Iba a empezar todo esto escribiendo mil recuerdos, mil números, mil letras de canciones o cualquier cosa que se me pasara por la cabeza en este instante, que son muchas. Pero en el fondo solo sería sacar la misma mierda una y otra vez.
Así que simplemente voy a optar por romperme en mil pedazos y dejar que cada uno de esos pedazos se quede grabado en una entrada aquí, la cual más deprimente o intento de alegre, con tal de no llegar a explotar en la vida.
Y que se pueda sentir cómo esas entradas gritan.
Cómo gritan en silencio.