Perder las formas entre tus sábanas,
y dejarlas ahí perdidas para siempre.
Perder la cabeza con la música bien alta,
y no bajarla bajo ninguna circunstancia.
Perder los papeles ante la duda,
y crear el caos más grande.
Perder la inocencia en una palabra,
y llevar el mando, y ser quien mande.
Perder la vergüenza desabrochando botones
y acabar con más ropa en el suelo que en los cajones.
Perder el miedo a lo desconocido,
y arriesgar, simplemente arriesgar.
Perder todo lo apostado en un segundo,
y aún así levantarte y ponerte a andar.
Perder el norte al mirarte,
y que no me importe nada, me sobra el mundo.
Perder la fe en todo lo bueno,
y encontrarla en tus labios.
Perder los estribos ante tus contradicciones,
y acabar perdida otra vez entre tus sábanas.
¿Y si vienes y te pierdes tú en mí?
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