domingo, 26 de enero de 2014

C.

En la llanura que es tu espalda
voy dibujando un pentagrama 
que toco con las teclas 
que son tus costillas
mientras estás desnuda en mi cama.
Tu cuello me llama,
pidiendo a gritos unos labios,
unos dientes
que muerdan tus ganas.
Tus clavículas
y los salientes de tus caderas
que me pasan de cuerda a loca
se llevan demasiado bien
con el roce de mi boca.
Que para mi una noche es poca
para sacarte de mi imaginación
como es imposible que una canción
resuma una vida entera.
Y espera, no seas impaciente
apaga la luz y enciende tu mente
que se te escape esa sonrisa
que siempre me espera
y que llega deprisa.
Por el suelo tu camisa,
esa que me pondré al despertarme,
esa que te robaré de madrugada,
esa que voy a quedarme.
Y es que lo pienso y
estoy enamorada
de tu capacidad para decirme 'ven'
sin en realidad decirme nada.

martes, 21 de enero de 2014

.

No te esfumes -Le pedi-, no te vuelvas a ir, por favor.
Pero suplicar no sirvió de nada.
Se fue, simplemente, se fue con los horarios fijos, las clases prácticas de cordura, mis ganas -con alguna que otra promesa-, la fuerza de voluntad que no sé de dónde coño saqué, la piel fina con su tacto de seda, esa razón que de vez en cuando pasaba por mi cabeza para hacer acto de presencia, unas cuantas sonrisas que ¿Quién ha dicho que no fuesen verdaderas?, esas canciones con su fuerza de la mano de mi autoestima, y con todos esos cafés nada más comenzar el día que siempre venían seguidos de un ''hoy va a ser el comienzo de algo grande''. Por qué no.
Se fue, con todo eso, y en su lugar me dejó este inmenso caos.
¿Y ahora qué cojones hago yo para ordenar este desorden en el que yo misma estoy perdida?
Se fue mi maldita conciencia, y veo que no tiene intención de volver.

jueves, 16 de enero de 2014

-Como siempre-.

Y al final uno, qué remedio,
acaba asumiendo la situación.
Se resigna
y se dice a sí mismo:
'¿Para qué?
Si total ya,
qué mas da.'
Y se da por vencido,
o por ganado, o por algo.
El caso es que
ya no hay nada que hacer.
Tan solo aceptarlo
o asumirlo,
cualquiera de las dos,
y convencerse de que
la próxima vez
todo irá mejor.

miércoles, 15 de enero de 2014

16012014

Ahora el tacto de mis sábanas se me hace más fino porque estás tú entre ellas, y la música me envuelve más cuando escucho todas esas frases de canciones que ya hemos hecho nuestras, solo nuestras; y el hecho de que tu voz ahora hace de mi conciencia y despierta mis sentidos cada vez que viaja por mis oídos, ¿Y qué me dices de esas primeras noches en las que nos pedíamos a gritos en silencio un beso que nunca vino? y a la cuarta va la vencida, lo conseguimos. Y dieciséis mil vidas no me bastarían para poder saborearte lo suficiente, y sino pregúntaselo a mis sueños. Que ahora las horas son más sencillas con tu silueta rondando por mi cabeza, el café me sabe mejor cuando lo desayuno contigo, la rutina se me rompe en más carcajadas que caras largas con tan solo leerte, y que tú completas los motivos por los que he de borrar cicatrices y dejar a un lado esas malditas heridas que no dejaban de sangrar; y no hablemos de tu olor en mi ropa y la sonrisa de idiota que se me queda al verte, o de esa estúpida sensación que me encoge el pecho cada vez que te pienso, cada vez que te siento. Que para hablar tenemos ya recuerdos y recuerdos, y sino háblales desde aquel quince de septiembre, y a los que no creyeron en nosotras cuéntales cuántas cimas hemos alcanzado, y las que nos quedan.
Y ya cinco.

domingo, 5 de enero de 2014

Mi peor enemigo

Cuando es de día, mi peor enemigo está a mi alrededor, siguiéndome a todas partes, siempre ahí observándome, tocándome. Por las noches, mi peor enemigo lo ocupa todo, incluso el aire que respiro, las sábanas de mi cama, las paredes de la habitación. Todo.
Cada vez que me miro al espejo, mi peor enemigo me devuelve la mirada. Es un rostro cansado, serio, demacrado, terrorífico. Por eso me da tanto miedo mirarle y que me mire. A veces me pregunto qué es lo que verá cuando me observa tan serio en el espejo.
Los peores momentos son cuando se mete dentro de mí. Ya no ocupa el exterior, sólo está en mi cabeza, mis piernas, mis brazos, mi tripa. Entonces es cuando decido defenderme, echarle de mi cuerpo, echarle de mi vida para siempre. Pero nunca se cómo hacerlo. He intentado muchas cosas y la única que funciona, aunque sea temporalmente es hacerme daño a mí misma porque también se lo hago a él. Le hago sufrir del dolor y por unas horas o por unos días mi peor enemigo desaparece.
Lo único que quiero es que se vaya para siempre, que me deje de una vez tranquila.
Lo he estado pensando y creo que ya se cómo hacerlo.
Adiós a todos, adiós mamá, adiós papá. Si vuelve mi peor enemigo decidle que yo ya me he ido.




-A.

sábado, 4 de enero de 2014

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Cada día
noto cómo me come la noche,
cómo me atrapa, cómo me engulle,
y cómo no puedo escapar de sus garras.
Noto cómo todo lo malo
que se fue con la luz del día
vuelve con las sombras,
y me rasga la piel
hasta alcanzar mis entrañas.
Nace de mi cabeza
llegando a mis pensamientos,
y se esconde en mis manos
y hace que se muevan.
Veo cómo hace cosas malas,
cómo equivoca mis ideas,
y me hace hacerme daño a mí misma
aunque yo no lo quiera.
Y en las tinieblas en las que me encuentro
cada día, cada luna,
siempre llena, de miedo,
sola, completamente sola,
pasa por mi cabeza un pensamiento,
y es quedarme soñando
y no despertarme nunca de ese sueño.