Pero suplicar no sirvió de nada.
Se fue, simplemente, se fue con los horarios fijos, las clases prácticas de cordura, mis ganas -con alguna que otra promesa-, la fuerza de voluntad que no sé de dónde coño saqué, la piel fina con su tacto de seda, esa razón que de vez en cuando pasaba por mi cabeza para hacer acto de presencia, unas cuantas sonrisas que ¿Quién ha dicho que no fuesen verdaderas?, esas canciones con su fuerza de la mano de mi autoestima, y con todos esos cafés nada más comenzar el día que siempre venían seguidos de un ''hoy va a ser el comienzo de algo grande''. Por qué no.
Se fue, con todo eso, y en su lugar me dejó este inmenso caos.
¿Y ahora qué cojones hago yo para ordenar este desorden en el que yo misma estoy perdida?
Se fue mi maldita conciencia, y veo que no tiene intención de volver.
Se fue mi maldita conciencia, y veo que no tiene intención de volver.
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