jueves, 22 de agosto de 2013

Y ya he visto tantos ‘te quiero’ que ya no sé cuál creerme

El miedo ya me llenó, ya me llevó, y ya me ha hecho pasar por tantas montañas rusas que ya no me queda más adrenalina que la de los besos que me puedan llegar a dar, la que viene con las luces apagadas y la música a todo volumen, o la que me trae una simple canción en mis cascos. He puesto tantos recuerdos falsos encima de los verdaderos que ya están todos aplastados y arrugados y no sé por dónde cogerlos, aunque tampoco es que quiera volver a verlos. También he aplastado todos mis sentimientos, por el mero hecho de que quizá en ese pasado también aplastado no quise volver a sentir, o simplemente no quise volver a sufrir, y para eso es necesario sentir. Puede que ahora sea toda de piedra, o que sea simplemente la fachada que envuelve un cristal completamente fino y frágil la que es de acero, pero el caso es que por muchos golpes que me den ya no me duele, porque todo lo que me tenía que doler ya me ha dolido, porque ese exterior de piedra, de acero, ahí está, protegiendo lo de dentro, protegiéndome a mí misma. Supongo que mi felicidad ya ha pasado por tantas manos de tantos títeres que jugaban con ella a sus anchas, que hacían malabares con mi presente, mi pasado y mi futuro, y ella se ha caído conmigo tantas veces que está cansada de no pertenecerme, cuando mi felicidad debería ser solo mía. A veces llego a pensar que he sido dueña de tantas mentiras escondidas en mi cabeza o salidas de mi boca que ya no creo en las verdades, o en que la gente pueda llegar a ser totalmente honesta conmigo, puesto que nunca nadie lo ha sido, ni si quiera yo misma. Y ya hace tiempo que perdí la fe, y que empecé a pensar que lo único que existe por encima de todo, de todos nosotros, es la música, que siempre suena más alto que mi conciencia.

Y ya he visto tantos ‘te quiero’ que ya no sé cuál creerme.
O quizá lo sé demasiado bien.

lunes, 19 de agosto de 2013

XVI

Empecemos de cero,
contando desde el dieciséis,
o desde cada lunar de mi espalda
que has recorrido a caricias
y a besos.
Muérdeme,
a mí y a mis ganas de que me ganaras,
de perder, de perderme en tu piel,
y de no perderme nada
de lo que me gritan tus ojos
color miel.
Susúrrame
te quiero’s perdidos entre sábanas,
que suba la música, que baje las luces,
entre tus dudas
que no cese la verdad
mientras me desnudas.
Bésame,
miedos aparte, nos falta el calor
que llega siempre veloz
como aviones de papel,
tenemos el valor y nos sobra la ropa,
con todo el tiempo para nosotras,
¿A qué estamos esperando
para usarlo a nuestro favor?


sábado, 3 de agosto de 2013

El cielo, o el infierno, quién sabe

Encerrada en una burbuja en la que toco el techo con la cabeza y cada rincón de esa esfera totalmente cerrada con tan solo estirar los brazos. Noto cómo su tacto suave y húmedo se vuelve de repente duro y frío, de metal.
Y empieza a rodar.
Cuesta abajo, sin rumbo, doy vueltas y vueltas, y veo cómo este metal se va volviendo transparente y cómo a lo lejos aparece un acantilado por el que, como siga con este rumbo, caeré.
Y efectivamente, caigo.
Caigo miles y miles de metros de forma descontrolada, sin frenos.
Pero justo antes de llegar al suelo, esa bola vuelve a convertirse en una burbuja, que explota al contacto con la tierra y hace que casi me mate, que casi muera.
Tres paredes me rodean en un segundo, dos a los lados y una a mis espaldas, y poco a poco veo como de estas dos primeras empiezan a salir unos gigantescos pinchos, y cómo se van juntando cada vez más y más. Solo tengo una opción, una salida. Correr.
Y salgo corriendo entre esas dos paredes que parecen interminables, cuyos miles de pinchos quedan cada vez más cerca de mi piel, y me empiezan rozando mientras huyo a toda velocidad, y acaban rasgándome totalmente. Al fondo hay una salida, una luz tan brillante que, cuanto más me acerco a ella, más me ciega. Pero solo me queda correr hacia ella o morir destrozada por esos pinchos de metal.
Noto cómo las gotas de sangre resbalan por mi piel que no deja de romperse, de rasgarse, no puedo dejar de correr, tengo que llegar al final de este pasillo que me está matando.
Y llego.
Y justo antes de poder ver el final de esas paredes, esa luz me come, y me quema.
No sé dónde estoy, no sé a dónde he llegado, qué lugar es este. Solo sé que es lo suficientemente brillante y precioso como para poder ser el cielo, y a la vez lo suficientemente caliente y agonizante como para poder ser el infierno.

viernes, 2 de agosto de 2013

02082013

Por encima de tus hombros sujetar el mundo entero,
no poder mas y, simplemente, soltarlo,
y dejar que pase como de mil metros a cero.
Que se rompa,
que se quiebre completamente,
ese mundo que tuviste en tus manos,
que te hacía creerte tan fuerte.
Esa razón para seguir a delante,
de confiar ciegamente
y dejar de fallarte.
Que ahora se ha roto
y con él tu conciencia
y si de alma te quedaba poco,
que desaparezca.
Soltarlo, y gritar con todas tus fuerzas,
gritar en silencio
hasta que simplemente
mueras.


jueves, 1 de agosto de 2013

01082012


Bésame,
simplemente bésame.
Y después de hacerlo,
mírame a los ojos y dime,
¿Qué ves?
Fíjate como esbozo una sonrisa,
por ti, por mí,
por nosotras,
porque no tenemos prisa,
porque nos sobran los ‘otras’
¿Qué has visto?
Mi cabeza, y las veces que te he pensado,
y las veces que pudimos irnos,
y sin embargo nos hemos quedado.
Por favor, quédate,
porque ahora te necesito más
de lo que ya te he necesitado.