El miedo ya me llenó, ya
me llevó, y ya me ha hecho pasar por tantas montañas rusas que ya no me queda
más adrenalina que la de los besos que me puedan llegar a dar, la que viene con
las luces apagadas y la música a todo volumen, o la que me trae una simple
canción en mis cascos. He puesto tantos recuerdos falsos encima de los
verdaderos que ya están todos aplastados y arrugados y no sé por dónde
cogerlos, aunque tampoco es que quiera volver a verlos. También he aplastado
todos mis sentimientos, por el mero hecho de que quizá en ese pasado también
aplastado no quise volver a sentir, o simplemente no quise volver a sufrir, y
para eso es necesario sentir. Puede que ahora sea toda de piedra, o que sea simplemente
la fachada que envuelve un cristal completamente fino y frágil la que es de
acero, pero el caso es que por muchos golpes que me den ya no me duele, porque
todo lo que me tenía que doler ya me ha dolido, porque ese exterior de piedra,
de acero, ahí está, protegiendo lo de dentro, protegiéndome a mí misma. Supongo
que mi felicidad ya ha pasado por tantas manos de tantos títeres que jugaban
con ella a sus anchas, que hacían malabares con mi presente, mi pasado y mi
futuro, y ella se ha caído conmigo tantas veces que está cansada de no
pertenecerme, cuando mi felicidad debería ser solo mía. A veces llego a pensar
que he sido dueña de tantas mentiras escondidas en mi cabeza o salidas de mi
boca que ya no creo en las verdades, o en que la gente pueda llegar a ser
totalmente honesta conmigo, puesto que nunca nadie lo ha sido, ni si quiera yo misma.
Y ya hace tiempo que perdí la fe, y que empecé a pensar que lo único que existe
por encima de todo, de todos nosotros, es la música, que siempre suena más alto que mi conciencia.
Y ya he visto tantos ‘te
quiero’ que ya no sé cuál creerme.
O quizá lo sé demasiado bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario