jueves, 19 de abril de 2012
Un día cualquiera, una noche cualquiera, en un momento cualquiera.
Un día cualquiera, una noche cualquiera, en un momento cualquiera. Me encuentro sentada delante de mi ordenador, inmóvil, con las manos en el teclado, sin hacer ningún movimiento. Lo único que aparece en la pantalla es una hoja en blanco con estas tres primeras líneas escritas. El frío de la primavera entra por la ventana y puedo oír una música de fondo, aunque no le presto mucha atención. Detengo mi mirada en un punto fijo, quieta, tranquila. Cierro los ojos, mi mundo se convierte en completa oscuridad.
No hay nada que me preocupe, no estoy triste, aunque tampoco estoy feliz.
En un instante noto que me elevo, que la silla que me sustenta ha desaparecido, convirtiéndose en una nube esponjosa que me levanta hacia el cielo. Siento como los rayos del sol iluminan mi rostro, como vuelo.
Pero mi corazón empieza a latir mas rápido cuando oigo algo que me suena familiar, algo que ya he vivido. Lo que escucho son mis padres, hablando conmigo, cuando tan solo tenia unos pocos meses. Mi risa, lo feliz que era. No puedo evitar dejar caer una lágrima. Derrepente todo se oscurece y se aclara en un instante. Ahora oigo a mucha gente, muchos niños. Un llanto de mi infancia, una amiga que me consuela, que lo es todo para mi. De esta forma se van sucediendo recuerdos bonitos, los pocos recuerdos verdaderamente felices que he tenido en mis 16 años de vida. Pero, a pesar de todo lo que siento, de todo lo que está ocurriendo, no me atrevo a abrir los ojos. Todo esto es algo demasiado especial para ser verdad, y no quiero que se acabe nunca. El último recuerdo, el más reciente, es un abrazo. Uno de esos abrazos que te hacen sentir viva, feliz, a salvo. Sé donde estoy, sé con quien estoy, y me atrevo a abrir los ojos. Ese abrazo me lo daba ella, la persona en la que más confió en mi vida. Me siento a salvo, me siento bien. Seguimos abrazadas, las dos sonreímos. Pero ese momento dura unos segundos. Después, todo se oscurece. Vuelvo a volar, vuelvo a mi habitación, sentada en frente de mi ordenador, y con toda esta historia escrita.
No quiero mirar al pasado, quiero mirar al presente. Quiero quedarme con lo bueno de cada momento. Las amistades vienen y se van, pero las que se quedan, esas amistades valen mucho.
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