Que pronto olvidaré el
color de tus ojos,
y tú olvidarás el mío.
Y cuando llegue la noche
los recordarás,
justo tal y como te miraban
ese día,
cuando fueron tuyos.
Cuando se oían hasta los
latidos,
hasta el silencio de mi
conciencia,
cuando las luces de la
ciudad les gritaban
a tus jodidos y preciosos
ojos oscuros.
Respira, calma, sonríe,
grita, vive,
golpea mi recuerdo y
acaricia ese pasado.
Pero nunca dejes que se
marche,
volando, como el tiempo,
como aviones de papel.
Nunca dejes de sonreír,
nunca me rasgues la piel,
pues ya duele bastante el
olvido
o el peso de miles de
deseos,
que sabemos que
existieron, que sabemos que se han ido.
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