jueves, 21 de junio de 2012
Hielo
Un día cualquiera, caminando por una calle de Madrid, el sol hace que el ambiente sea pesado y caluroso. Es verano, veo a mucha gente dando vueltas, con rumbo fijo, o sin él, todos centrados en sus pensamientos o conversaciones, dándole vueltas a ideas, con prisa, sin tiempo, sin fijarse en lo que pasa a su alrededor. Con las manos en los bolsillos, los cascos puestos y la música a tope camino hacia mi destino, mirando al cielo, al norte, al horizonte que marca la silueta do los edificios hasta donde alcanza la vista.
Poco a poco, el bullicio de gente se va haciendo menos espeso, en la calle solo quedan unas pocas personas que van desapareciendo por segundos. El cielo despejado se llena de nubes que lo nublan todo, despacio, pero numerosas. No queda nadie a mi alrededor. ''Qué raro'' pienso, teniendo en cuenta que estoy en el mismo centro de la capital. Suspiro, a pesar de las nubes, sigue haciendo el mismo calor bochornoso que lleva haciendo semanas, típico ambiente de verano. Pero de ese suspiro sale vaho, esa pequeña nube que sale de tus pulmones llenos de aire caliente en un día de invierno. ''Esto es imposible'' dice mi cabeza, es verano, en verano no pasan estas cosas. Sorprendida, me quito los cascos y me doy cuenta de la situación. A lo lejos, veo que los edificios se van congelando poco a poco, desde las azoteas de los rascacielos inmensos hasta las pequeñas viviendas, como si una ola invisible los envolviera, una ola helada que ha aparecido de la nada. Estoy sola en esta calle y lo primero que pienso es en correr, huir de ese monstruo helado que se dirige hacia mi, que no puedo parar, que es como una pesadilla en la realidad .
Corro, con todas mis fuerzas, pero el aire se está volviendo frío, muy frío, y me entumece las extremidades, haciéndome moverme con dificultad. Miro constantemente atrás, esperando que esa ola de hielo desaparezca o cese, pero no es así, se va acercando mas a mi y a penas me quedan fuerzas para seguir corriendo. En un instante, el hielo me alcanza una pierna, haciéndome detenerme bruscamente, intentando librarme de esta muerte segura. En vano.m
El hielo empieza a congelarme el cuerpo, de pies a cabeza, pero tengo una sensación extraña. Ese hielo me congela solo superficialmente, sigo viva, pero helada, como un cubo de hielo humano, atrapada en una coraza de la que no puedo salir, de la que no me puedo librar ni con todas mis fuerzas.
Sin poder moverme, veo toda la ciudad desierta helada, como si hubiesen tirado un manto blanco sobre ella. De repente, una figura sale de un portal, rompiendo una puerta congelada con toda facilidad, como si estuviese acostumbrado a hacerlo, como si fuese su rutina, como si no se diese cuenta de que todo lo que está pasando es totalmente extraño y sin sentido.
Se va acercando a mi, pausadamente, con paso firme. No logro verle la cara, pero sé que le conozco. Su olor a unos centímetros de mi me resulta familiar, pero solo puedo ver una imagen distorsionada de su rostro.
Se presenta frente a mi, mirándome fijamente a los ojos cubiertos por una fina capa de hielo. No noto dolor, podría pensar con claridad, aunque en este momento es lo último que hago, mil pensamientos me rondan la cabeza, no me creo lo que está pasando.
Acerca su mano a mi barbilla, y noto su piel cálida, acogedora y suave a través del hielo que me cubre. Entonces me doy cuenta, está cubierto de llamas, por todo el cuerpo, mientras yo sigo totalmente congelada. Se acerca lentamente a mis labios, y me besa. Ese beso tan cálido hace que el hielo vaya desapareciendo, que se esfume. Era el fuego que necesitaba para vivir, para escapar del mundo y meterme en una simple fantasía que no tiene nada de real. Me ha salvado la vida, me ha devuelto a la vida.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario