Miras al horizonte, esa fina línea que separa el cielo del infierno, un infierno también llamado ''Tierra''. Está tan lejos y a la vez tan cerca, puedes llegar a tocarlo con la yema de tus dedos, tan solo estirando un brazo, y sin embargo no llegas a alcanzarlo ni corriendo con todas tus fuerzas. El sol se esconde detrás de ese inmenso abismo, la oscuridad, las tinieblas, los miedos se encuentran allí, en lo desconocido. Los atardeceres más preciosos han ocurrido en ese lugar, los arco iris más perfectos han tenido su fin en esa recta, los ''te quiero hasta donde alcanza el horizonte'', las veces en las te quedas mirando a la nada, pensando en todo, sintiendo mucho, viviendo poco.
Y sonríes como una idiota, creándote historias con la persona a la que más quieres en la cabeza, imaginando un mundo juntos, una felicidad inexistente que te llena completamente, pero te chocas con la realidad, y en la realidad no le tienes, no tienes nada, que son solo simples ilusiones. Y entonces te das cuenta de que eres alguien insignificante en el mundo, que nunca vas a ser querido por nadie, que te pierdes en la multitud de gente con el corazón roto, con tristes promesas sin cumplir, con sueños olvidados, con falsas esperanzas. No eres nadie, tan solo un pequeño punto que se pierde en el horizonte.
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