¿Quién ha dicho que la
soledad no es buena?
2:23 de la madrugada. Y
sí, yo debería estar más que durmiendo, pero.
Así que, después de haber
estado alrededor de una hora -sin exagerar- dando vueltas por la cama, con los
ojos como platos, y contando más de mil quinientas trece ovejas, me he
dispuesto a escribir, a ver si tal. Y eso, que aquí estoy.
Después de unas cuantas
meditaciones filosóficas he llegado a la conclusión de que a veces un poco de
soledad no sienta nada mal -y cuando digo a veces digo siempre que respire,
que así mejor-, porque encontrarte a ti mismo puede llegar a ser mucho más
satisfactorio -me han dicho- que encontrar
amores fugaces de estos que se te escapan entre los dedos y se quedan en
el olvido. Aunque bueno, si os digo la verdad, nunca me he encontrado, ni mucho
menos. Pero ese no es el caso. Total, que pensando y pensando se me ha empezado
a pasar el tiempo -la maldita hora de la que os he hablado- y menos mal que no
estaba compartiendo ese tiempo con nadie, porque habría sido una gran pérdida.
Pues, en realidad no sé muy bien lo que quiero decir, o sí. El caso, estar solo
está bien, te hace darte cuenta de quién eres, o al menos de quién no eres, te para un poco de tanta rutina y tanto caos, o quizá te desordena un poco más
ese caos (si es que aún se puede) pero, al fin y al cabo, te desordenas y
pierdes tu tiempo tú mismo, tú solo y por ti, y eso es algo que no le afecta a
nadie más, cosa positiva.
No compartas tu vida en
exceso con alguien, porque eso implica compartir tanto virtudes como defectos,
y sobre todo, el tiempo y el caos: el tiempo es algo que nunca vuelve, y el
caos es algo que, en fin, nunca se ordena -al menos mi caos lleva dieciocho
años ahí dando por saco y nada, que no hay manera-. Ya sabéis, a quien madruga, Dios está de vacaciones.
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