domingo, 9 de febrero de 2014

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¿Quién ha dicho que la soledad no es buena?
2:23 de la madrugada. Y sí, yo debería estar más que durmiendo, pero.
Así que, después de haber estado alrededor de una hora -sin exagerar- dando vueltas por la cama, con los ojos como platos, y contando más de mil quinientas trece ovejas, me he dispuesto a escribir, a ver si tal. Y eso, que aquí estoy.
Después de unas cuantas meditaciones filosóficas he llegado a la conclusión de que a veces un poco de soledad no sienta nada mal -y cuando digo a veces digo siempre que respire, que así mejor-, porque encontrarte a ti mismo puede llegar a ser mucho más satisfactorio -me han dicho- que encontrar  amores fugaces de estos que se te escapan entre los dedos y se quedan en el olvido. Aunque bueno, si os digo la verdad, nunca me he encontrado, ni mucho menos. Pero ese no es el caso. Total, que pensando y pensando se me ha empezado a pasar el tiempo -la maldita hora de la que os he hablado- y menos mal que no estaba compartiendo ese tiempo con nadie, porque habría sido una gran pérdida. Pues, en realidad no sé muy bien lo que quiero decir, o sí. El caso, estar solo está bien, te hace darte cuenta de quién eres, o al menos de quién no eres, te para un poco de tanta rutina y tanto caos, o quizá te desordena un poco más ese caos (si es que aún se puede) pero, al fin y al cabo, te desordenas y pierdes tu tiempo tú mismo, tú solo y por ti, y eso es algo que no le afecta a nadie más, cosa positiva.
No compartas tu vida en exceso con alguien, porque eso implica compartir tanto virtudes como defectos, y sobre todo, el tiempo y el caos: el tiempo es algo que nunca vuelve, y el caos es algo que, en fin, nunca se ordena -al menos mi caos lleva dieciocho años ahí dando por saco y nada, que no hay manera-. Ya sabéis, a quien madruga, Dios está de vacaciones.

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