Algún día os hablaré de
los aviones de papel que hacen que el tiempo vuele,
esos tickets de momentos únicos
sometidos a papiroflexia
para crear recuerdos tallados en madera.
Del día en el que
vi romperse al mito de vencer a la tercera
cuando las ganas se vencieron
mutuamente a la cuarta.
De los dieciocho, perdón, dieciséis mil motivos
que se
pueden llegar a tener para arriesgarse,
sabiendo que valdrá la pena hacerlo.
De
los pijamas compartidos, la falta de ropa sin vergüenza alguna,
el doble fondo
de armario, o el olor de una colonia en una simple sudadera
que puede llegar a
alegrarte un día entero.
De los bares con sus escaleras, de las fincas con sus
estrellas,
de los sofás cama, de los cinturones sin desabrochar,
de las casas ajenas con sus baños, de las noches en vela.
De los portátiles apagados
sin avisar de madrugada, las sábanas enredadas
entre las que se encuentran
siluetas, o las mantas
que parece que vienen siempre con sofá incluido.
De los corchos con más recuerdos que chinchetas, de las cajas secretas,
del momento en el que dejé de atender a los finales de las películas,
y a sus principios.
De los recuerdos que dejan marcas, de las marcas que traen recuerdos,
de las historias que se van escribiendo poco a poco
con canciones, fotografías y vídeos como tinta.
Algún día os hablaré de nuestros 'algún día',
del día en el que ella me dijo 'algún día serás mía'
y, bueno, el resto es algo nuestro.
de las historias que se van escribiendo poco a poco
con canciones, fotografías y vídeos como tinta.
Algún día os hablaré de nuestros 'algún día',
del día en el que ella me dijo 'algún día serás mía'
y, bueno, el resto es algo nuestro.
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