Entonces me miré las
manos, llenas de sangre, pensé ‘’no puede ser’’, y cerré los ojos con fuerza.
Entre tanto humo apenas
podía si quiera ver a quien tenía delante, y no me refiero al entorno y mi
visión, sino a mis pulmones y mi cabeza. Todo lo que podía percibir era de una
forma distorsionada, supongo que mezclar vapor con líquido no fue una buena
idea.
Pero aun así las burbujas
continuaban bajando y yo seguía subiendo, con el aire verde que salía de la
boca de la gente, y por mis propios labios, con la música que saturaba mis
oídos y explotaba en mi cabeza, y con las miles de personas que allí estaban, bailando,
o más bien, haciendo cualquier tipo de movimiento agobiante y brusco que
entorpecía mis actos. Entre tantas sonrisas forzadas y no intencionadas nos
perdíamos yo y mis pensamientos confusos, mis sentidos estaban entumecidos y
apenas tenía conciencia de lo que hacía conmigo misma. Entonces, para terminar
con la poca razón de ser que tenía sobre toda la realidad, le pegué el último
calo a algo parecido a un tubo blanco y enorme que acabó conmigo.
Totalmente aturdida, salí
de ese antro sola y ciega de sentidos y comencé el regreso a mi casa, o eso es
lo que supuestamente hice, pues, después del justo momento en el que ese humo
salió de mi boca por mis pulmones, perdí la conciencia del tiempo y del
espacio, ya no era yo, simplemente no era nada, como un cuerpo sin alma.
Rápidamente abrí los ojos, estaba
hiper ventilando y no podía moverme.
Me encontraba tumbada en
mi cama, el mundo me daba vueltas, intenté tranquilizarme y controlar mis
extremidades, me levanté lentamente y empecé a asimilar todo lo que estaba
situado a mi alrededor: cristales esparcidos por todo el suelo, (cosa de la que
me di cuenta al apoyar mis pies descalzos en este), botellas y espejos rotos,
las cortinas descolgadas y muchos papeles desordenados encima de la mesa. Todo
era un caos fuera y dentro de mi cabeza, no entendía nada. Pasé unos cuantos
minutos mirando a la nada intentando recordar algo de lo que pasó a noche, pero
lo último que recuerdo fue una calada, seguida de un vacío de no se cuánto
tiempo, y después despertar en mi cama.
Entonces, miré el espejo
roto y pensé qué le pudo haber pasado para terminar así, y al observarlo vi mi
reflejo de cintura para abajo en una esquina grande que no había conseguido
romperse. Se me cortó la respiración, el corazón pasó a latirme a mil por hora
y comencé a temblar.
Entonces me miré las
manos, llenas de sangre, pensé ‘’no puede ser’’, y cerré los ojos con fuerza.
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