domingo, 13 de octubre de 2013

El octavo pedazo

Otoño, pero invierno en su interior
las miradas se clavaban como puñales
y ella esquivaba tus ojos incesantes
que buscaban volverla a llevar al dolor.
El humo os llenaba, como siempre,
de tus pulmones a tus labios,
de tus labios a su boca,
y de su boca a cada recuerdo
que le hizo romperse
y hacer que se rompa cualquiera que le toca.
Pero sin rozaros en ningún instante,
se podía notar lo que tus palabras no le decían
o lo que no se atrevían a decir,
lo que tu corazón pensaba desde hacía mucho tiempo
y tu cabeza nunca tuvo los cojones de admitir.
Y todos esos sentimientos
se han perdido para siempre,
tú sientes, pero lo escondes,
ella se esconde y así no siente.
A lo mejor, si ese humo hubiese llevado palabras
todo habría sido más fácil,
o a lo mejor esas palabras
siempre debieron haberse quedado en eso
en el humo que se escapa.

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