martes, 20 de marzo de 2012

Tú.

Un parque, enorme, había césped por todos lados. Te veía a lo lejos, un rayo de sol te iluminaba haciendo parecer que todo a tu alrededor no era nada, porque tú lo eres todo, eras la perfección en persona. Se respiraba aire de felicidad, una brisa de verano, luz.
Fui corriendo, mis ganas de abrazarte me impulsaron a ello. En un instante ya estaba detrás de ti, me acerqué sigilosamente, te tapé los ojos con las manos. Esos ojos verdes que, al mirarlos, te hacen sentir en el cielo, te llenan de amor, te deslumbran, embelesan.
Sonreíste, sabias perfectamente quien era. Dijiste mi nombre en una carcajada. Me cogiste las manos, me acercaste a ti. Ese cosquilleo que se siente cuando se esta enamorado, que recorre toda tu espalda, que llega hasta tus dedos, que te hace sentir viva. Tú me provocas esa sensación.
A escasos milímetros de tu boca, un momento demasiado perfecto. Me besaste.

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