y mientras me repongo,
por la ventana,
parece que la noche grita en silencio
con una sonrisa de media luna.
Papeles de poesía por todas partes
forman un caos que huele a morbo,
y más palabras sucias que sutiles
van invadiendo cada recoveco de mi habitación.
Unas cuantas horas en vela
que no quieren apagarse,
con lunares por estrellas, y hielos
recorriendo espaldas
vírgenes
y vientres veteranos.
Latidos parados que marcan ritmos
y el Sáhara en mi cama,
dulces labios, tiempo pasajero,
puertas abiertas entre las piernas del pecado.
Que ardan en fuego los paréntesis fríos
enciende otra copa
y sírvete otro cigarro,
quiero verte debatir entre mi piel
y tus manos.
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