miércoles, 12 de diciembre de 2012

Estrellas

Llega la noche y empiezan a caer por ese manto negro al que llamamos 'cielo' centenares de estrellas.
Pesimistamente, pedimos mil deseos que sabemos que nunca se cumplirán. Nunca lo harán, porque por ello son deseos, no realidades. Optimistamente, deseamos lo 'imposible', que sabemos que podríamos hacerlo posible, porque todo es posible si nos lo proponemos. Y le sonreímos al cielo esperando que nos responda, que nos de todas las respuestas que queremos, que necesitamos, cuando ahí arriba no hay más que oscuridad, sin más. Oscuridad en la que se esconden todos nuestros miedos, donde van a parar nuestras peores pesadillas acompañadas de nuestros mejores sueños, oscuridad  en la que nos perdemos, donde nos encontramos, oscuridad en la que no podemos, pero lo intentamos, oscuridad en la que surgen las mentiras, los engaños, la rabia, la ira, el odio, el daño. Oscuridad, pues estamos ciegos, y no vemos la realidad, o no queremos, o no nos atrevemos a verla, o nuestros miedos nos impiden aceptarla, no sé. Solo sé que vemos el momento, sobrios o ebrios, pero lo vemos. Solo podemos ser optimistas o pesimistas, soñadores o realistas, no tenemos término medio. Pasamos los años planificando nuestra vida sin pararnos a vivirla, a aprovecharla, pues en realidad pasa más rápido de lo que piensas, y cuando te quieres dar cuenta, te paras un instante y ves pasar tu vida sin tú formar parte de ella. Rápida, fugaz, como una estrella.
Y mi pregunta es, ¿A dónde irán a parar todas esas estrellas fugaces con nuestros deseos? Porque son como el amor, no sabemos cual fue su principio ni tampoco sabemos cual es su final. ¿Dónde acabarán todos nuestros deseos?
Puede que algunos se pierdan en el inmenso espacio y por ello nunca se lleguen a cumplir, puede que choquen con otros deseos y acaben cumpliéndose ambos, o simplemente choquen con la nada y y se encuentren allí a miles y miles de deseos perdidos que buscan hacerse realidad.
Y entonces es cuando llega el día, cuando los rallos del Sol indican que la noche ha acabado y se llevan consigo aquel manto negro, la oscuridad, y traen la luz, cuando dan paso un nuevo día, cuando dicen que el momento de pedir los deseos ha terminado, que es hora de que se empiecen a cumplir.

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