domingo, 30 de diciembre de 2012

Adiós querido Diciembre

Me encuentro en una calle muy transitada, el centro, la capital, gente de todos lados y hacia todos lados, con prisas, sin pararse ni a apreciar su alrededor, centrados en ellos mismos, el bullicio, la multitud, luces de navidad que iluminan las fachadas, regalos, colores, pero entre tanta vida me encuentro sola.
Me paro en seco, no pienso, no quiero pensar en absolutamente nada. Y cierro los ojos con fuerza. 
Entre aquel caos de aquella ciudad el ruido desaparece, y surge el completo silencio. Me extraño, pero en ningún momento abro los ojos. Me centro en mi respiración, los latidos de mi corazón y el frío que me llega al rostro.
Ahora estoy completamente sola, noto que no hay presencia de nadie ni de nada a mi alrededor.
Una gota de lluvia cae en mi mano, seguida de otras mil, que me empapan como si de un diluvio se tratara, pero no me importa, sigo allí, parada en la nada, pero con una sonrisa en la cara.
Por un momento abandono mi mundo interior y presto atención a la realidad. Se oyen unos golpes repetidos a una campana, doce en total, que rompen ese silencio, y que lo vuelven a traer al acabar el sonido de esta última. En ese momento en mi cabeza aparece una frase, que digo entre susurros:
''Adiós querido Diciembre.''

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