sábado, 5 de mayo de 2012
Parece que nos gusta sufrir por amor.
Parece que nos gusta sufrir, sufrir por amor. Parece que no queremos ser felices, que si no lo pasamos mal nos falta algo. Que necesitamos llorar por cosas simples y darle demasiadas vueltas a algo que no tiene ningún sentido. Que nos encanta meternos en un círculo de indecisiones y ralladas varias solo por placer. Que encontramos la felicidad en lo que nos hace daño, pero no por ello vamos a renunciar a quererlo. Nos fijamos una meta, conseguir lo imposible, o lo probablemente inalcanzable, y no queremos salir de ese camino aunque nos cueste la vida. Le damos toda nuestra felicidad a una persona, pero cuando esa persona no está, ya no nos queda nada. ¿Porqué nos tratamos tan mal a nosotros mismos? ¿No nos vale simplemente con intentar ser felices con lo simple? No, necesitamos tener lo más complicado, lo que más nos va a costar conseguir, aunque no sintamos absolutamente nada, lo queremos, y vamos a luchar por ello cueste lo que cueste. Escuchamos a nuestro corazón, cuando nuestra cabeza guita ''¡Basta!''. Sonríes por fuera, te estás muriendo por dentro. No hay nada que duela más que decirle ''Hola'' a quien antes decías ''te quiero'', saludarle con dos besos en vez de con un abrazo, no poder decirle todo lo que sientes por no empeorar las cosas. Lágrimas perdidas, momentos que intentan ser olvidados, canciones que te traen recuerdos, antes buenos, ahora insufribles, fotografías, sueños.
Darlo todo por una persona y no recibir nada a cambio, no poder sacarte su recuerdo de la cabeza cuando esa persona lo que quiere es sacarte de su vida, hacer lo imposible por conseguirlo cuando, en realidad, es imposible conseguirlo.
Que difícil es ser feliz, cuanto nos gusta sufrir.
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